Nací el 16 de noviembre de 1965, en la ciudad de Quilmes.
Cursé mis estudios primarios, secundarios y terciarios en el Instituto Inmaculada Concepción de Quilmes. En esta escuela ,la Hermana Josefina, rectora, hacía que nos pasaran cine y la profesora de música, nos hacía escuchar música en un equipo pasacasette. Además en los dos últimos años de mi escuela secundaria teníamos “computación”, hace tanto tiempo de ello que no recuerdo ni cómo, ni qué. Se que era una de las escuelas actualizadas y “modernosas” a pesar del uniforme.
Cuando iba a bailar , nos preparábamos para ir cada viernes o sábado a distintos lugares con la última tecnología ( rayos láser y esas cosas).Para mi viaje de egresados llevé una flamante cámara pocket, parecía cosas de mandinga. Todo esto era motivo de conversación familiar, ya que mi hermana 10 años mayor que yo, fue a Bariloche con una máquina gigante.
Durante mi estudio terciario, los trabajos los realizaba con máquina de escribir, un armatoste pesado,reliquia de la familia. Por esa época mi papá que trabajaba en un banco, traía trabajos realizados por computadora, cada vez más complejos y atractivos.
Por esas contradicciones que tiene la vida de los argentinos, mientras en las materias del profesorado me enseñaban a armar un rotafolio, diapositivas y otros instrumento como un “gelatinógrafo” o algo así (instrumento por el cuál uno lograba hacer copias para los alumnos); yo iba a la librería de mitad de cuadra del colegio y me la pasaba sacando fotocopias, que a pesar de que eran máquinas nuevas y parecían extraterrestres, las hojas salían grises y a veces prácticamente ilegibles. Y una vez haciendo las Prácticas de Enseñanza, me dedicaba a hacer los volantes a máquina, calcar los dibujos y sacar fotocopias para mis alumnos. Renegaba de por qué perdí tiempo aprendiendo todo lo anteriormente mencionado; hasta que al ingresar a trabajar en una escuela como celadora de Jardín, me la pasaba realizando ese tipo de trabajos por pedido de la maestra a cargo de la sala.
Terminadas las Prácticas, además del Jardín, trabajaba en una escuela primaria. Y comencé a hacer un curso de computación, tarea que no era para mí complicada por mi experiencia en el secundario. Así aprendí el sistema Basic y Cobol ( algo que ya no existe, me la pasaba haciendo diagramas de flujo y demás) . Terminado el curso y ya trabajando en dos escuelas, algunos me miraban como bicho raro por saber computación, accedí a mi primer Comodore 64, creo que así se llamaba el aparatejo que funcionaba con un televisor común.
Gracias a los cursos realizados trabajé un año en una de las escuelas como profesora de computación, y con el tiempo me fui perfeccionando.
Con la época del nacimiento de mis dos hijas, sólo trabajaba por la mañana y me aleje de aquello. Pero me dediqué a otro tipo de tecnología, como por ejemplo: sofisticadas multiprocesadoras, microondas y demás aparatos que me ayudaban en el hogar. Me comunicaba con un radio mensajes, que fue reemplazado por un gigante teléfono portátil del tamaño de un maletín y pesado como una piedra. Cuando mis hijas fueron creciendo y miré a mi alrededor, sin darme cuenta ya manejaba los cada vez más pequeños celulares, lo actualmente conocido sobre computación, cajeros automáticos, hablo como demente por teléfono con una máquina que se la pasa dándome órdenes. Me di cuenta que pasé de una calculadora muy grande a una minúscula, hornos programables y heladeras con alarma, todos los días reviso mi correo electrónico, leo el diario desde una pantalla y curso materias virtualmente.
Cursé mis estudios primarios, secundarios y terciarios en el Instituto Inmaculada Concepción de Quilmes. En esta escuela ,la Hermana Josefina, rectora, hacía que nos pasaran cine y la profesora de música, nos hacía escuchar música en un equipo pasacasette. Además en los dos últimos años de mi escuela secundaria teníamos “computación”, hace tanto tiempo de ello que no recuerdo ni cómo, ni qué. Se que era una de las escuelas actualizadas y “modernosas” a pesar del uniforme.
Cuando iba a bailar , nos preparábamos para ir cada viernes o sábado a distintos lugares con la última tecnología ( rayos láser y esas cosas).Para mi viaje de egresados llevé una flamante cámara pocket, parecía cosas de mandinga. Todo esto era motivo de conversación familiar, ya que mi hermana 10 años mayor que yo, fue a Bariloche con una máquina gigante.
Durante mi estudio terciario, los trabajos los realizaba con máquina de escribir, un armatoste pesado,reliquia de la familia. Por esa época mi papá que trabajaba en un banco, traía trabajos realizados por computadora, cada vez más complejos y atractivos.
Por esas contradicciones que tiene la vida de los argentinos, mientras en las materias del profesorado me enseñaban a armar un rotafolio, diapositivas y otros instrumento como un “gelatinógrafo” o algo así (instrumento por el cuál uno lograba hacer copias para los alumnos); yo iba a la librería de mitad de cuadra del colegio y me la pasaba sacando fotocopias, que a pesar de que eran máquinas nuevas y parecían extraterrestres, las hojas salían grises y a veces prácticamente ilegibles. Y una vez haciendo las Prácticas de Enseñanza, me dedicaba a hacer los volantes a máquina, calcar los dibujos y sacar fotocopias para mis alumnos. Renegaba de por qué perdí tiempo aprendiendo todo lo anteriormente mencionado; hasta que al ingresar a trabajar en una escuela como celadora de Jardín, me la pasaba realizando ese tipo de trabajos por pedido de la maestra a cargo de la sala.
Terminadas las Prácticas, además del Jardín, trabajaba en una escuela primaria. Y comencé a hacer un curso de computación, tarea que no era para mí complicada por mi experiencia en el secundario. Así aprendí el sistema Basic y Cobol ( algo que ya no existe, me la pasaba haciendo diagramas de flujo y demás) . Terminado el curso y ya trabajando en dos escuelas, algunos me miraban como bicho raro por saber computación, accedí a mi primer Comodore 64, creo que así se llamaba el aparatejo que funcionaba con un televisor común.
Gracias a los cursos realizados trabajé un año en una de las escuelas como profesora de computación, y con el tiempo me fui perfeccionando.
Con la época del nacimiento de mis dos hijas, sólo trabajaba por la mañana y me aleje de aquello. Pero me dediqué a otro tipo de tecnología, como por ejemplo: sofisticadas multiprocesadoras, microondas y demás aparatos que me ayudaban en el hogar. Me comunicaba con un radio mensajes, que fue reemplazado por un gigante teléfono portátil del tamaño de un maletín y pesado como una piedra. Cuando mis hijas fueron creciendo y miré a mi alrededor, sin darme cuenta ya manejaba los cada vez más pequeños celulares, lo actualmente conocido sobre computación, cajeros automáticos, hablo como demente por teléfono con una máquina que se la pasa dándome órdenes. Me di cuenta que pasé de una calculadora muy grande a una minúscula, hornos programables y heladeras con alarma, todos los días reviso mi correo electrónico, leo el diario desde una pantalla y curso materias virtualmente.